JO! me da rabia porque creo que no entendí para nada la película de la fuente de la vida... y me da mas rabia, porque la fotografía me parece increible y puedo jurar por Dios que nunca había visto actuar así a Hugh Jackman, o sea que buena la actuación de este hombre, aunque se la pase llorando la mayor parte de la peli, pues hay que admitir que eso no es nada fácil y no como el lo hace. Me encantó en si toda la película, un pelín lenta y un poco repetitiva. Pero es allí lo que me preocupa porque entonces llego a la conclusión de que entonces fue que no la entendí y no otra cosa. Porque además sé que el directo de esta peli es un Crak en la materia.

La verdad que se las recomiendo para ver, pero les adelanto que es para pensar mogollón y sobre todo para verla con una mente completamente abierta y sin ningún prejuicio o limite.

La frase que me encantó de la película.


“La muerte es una enfermedad

como cualquier otra. Y tiene cura. ¡Yo la encontraré!”

Sobre Rachel Weisz sobran las palabras, porque a esta mujer se le debería dar un Oscar por cada peli que tiene, por que buena es la condenada. Bueno digo Oscar porque es como lo típico, pero todos sabemos que eso lo que esta es vendido....

bueno people los dejo

bye....

Bueno bueno y por si no les quedó muy claro aquí les pongo la crítica de uno de mis profesores de teoría de la comunicación... lean es bueno

Contra la muerte

Un conquistador colombino. Un científico contemporáneo. Un monje del futuro. Tres personajes para un actor: el excelente y atormentado Hugh Jackman. Tres historias para una misma búsqueda: el árbol de la vida, el Santo Grial, el elixir de la eterna juventud y ese grito desgarrado ante al cáncer de la mujer amada (Rachel Weisz): “La muerte es una enfermedad como cualquier otra. Y tiene cura. ¡Yo la encontraré!”.
Un Fausto en tres tiempos es el que mana a chorros por este último trabajo de Darren Aronofsky, uno de los cineastas contemporáneos más polémicos y personales. Resulta indudable: es un director que posee una mirada. Una mirada compleja. Con el paranoico matemático de la saturada –y a ratos incomprensible– Pi (1998) se acomodó en la mesilla de noche de los críticos más exigentes; en Réquiem por un sueño (2000) depuró la forma hasta bordar un tapiz hipnótico sobre el que cabalgaban la adicción, el aislamiento y un puñado de ilusiones rotas. En ambas obras, Aronofosky hechizaba en lo visual y arriesgaba en lo narrativo, como ocurre ahora con La fuente de la vida.
Drama lírico-existencial, ciencia-ficción con aroma “new-age” o romance metafísico, lo inclasificable del film lo convierte en un viaje al corazón de las grandes cuestiones que siempre han preocupado al hombre: el afán de inmortalidad, la necesidad de trascendencia, la plenitud del amor, la eterna sed de respuestas. El origen y el destino.
Acompañado por la épica música de Clint Mansell, el trayecto intelectual que propone Aronofosky serpentea a través de un montaje sincopado, una narración entrecruzada, atrevidos movimientos de cámara y un simbólico diseño de iluminación que configuran una obra bella y fascinante, sí, aunque también un artefacto excesivamente pretencioso. Tanto, que el espectador no deja de sacudirse esa extraña sensación que produce el no saber distinguir la delgada línea que separa la genialidad de la impostura.

Alberto García es profesor de Comunicación Audiovisual, Teoría de la Comunicación Audiovisual y Discurso Comunicativo en la Universidad de Navarra. Escribe crítica cinematográfica en la revista Nuestro Tiempo y comenta cada viernes los estrenos de cine en la 98.3 Radio Universidad de Navarra