Según cuenta la leyenda, Edith Piaf nace debajo de una farola frente al número 72 de la rue de Belleville en París, de padre acróbata, Louis Alphonse Gassion y de madre cantante ambulante, Annetta Maillard. Édithfue criada por las prostitutas de la casade su abuela paterna.

Éxito Internacional:

Se convierte también en una especie de icono parisino y en la musa de los existencialistas. En los años 50, Piaf era famosa en muchos países. El público norteamericano la consagró en 1956 en el Carnegie Hall de Nueva York

Ojos que hacen bajar los nuestros
Una risa que se pierde sobre su boca
He aquí el retrato sin retoque
Del hombre a quien pertenezco

Cuando me toma en sus brazos,
Me habla todo bajo
Veo la vida en rosa,
Me dice palabras de amor
Palabras diarias,
Y eso me hace algo
Entró en mi corazón,
Una parte de felicidad
Que conozco la causa,
Es él para mi,
Mí para él en la vida
Me lo dijo, lo juró
Por la vida.
Y en cuanto lo perciba
Entonces siento en mi
Mi corazón que late.

Noches de amor por terminar más
Una gran felicidad que se sienta su
Problemas, penas se borran
Feliz, feliz a morir

Cuando me toma en sus brazos,
Me habla toda parte baja
Veo la vida en rosa,
Me dice palabras de amor
Palabras diarias,
Y eso me hace algo
Entró en mi corazón,
Una parte de felicidad
Que conozco la causa,
Es él para mi,
Mí para él en la vida
Me lo dijo, lo juró
Para la vida.
Y en cuanto lo perciba
Entonces siento en mi
Mi corazón que pega.

Deterioro de Salud y Fallecimiento:

En 1959, Édith se desploma en escena durante una gira en Nueva York. Tuvo que soportar numerosas operaciones quirúrgicas. Volvió a París en un penoso estado de salud

En 1961, Édith Piaf, a petición de Bruno Coquatrix, ofrece una serie de conciertos, tal vez los más memorables y emotivos de su carrera, en el Olympia de París, local que estaba bajo amenaza de desaparecer por problemas financieros. Es en ese, su salón de espectáculos favorito, en el que interpreta la canción Non, je ne regrette rien, que se adapta perfectamente a su persona y que Charles Dumont compuso para ella. Con ello salva al Olympia y Bruno Coquatrix le queda eternamente agradecido.

No, nada de nada,
No, no lamento nada
Ni el bien que me han hecho,
ni el mal. ¡Todo me da igual!

No, nada de nada.
No, no lamento nada.
Eso está pagado, barrido, olvidado.
¡Me importa un bledo el pasado!

Con mis recuerdos
hice una fogata.
mis tristezas, mis placeres,
ya no los necesito.

Barridos los amores
y todos sus temores
Barridos por siempre
comienzo de cero.

No, nada de nada,
No, no lamento nada
Ni el bien que me han hecho,
ni el mal. ¡Todo me da igual!

No, nada de nada,
No, no lamento nada.
Porque mi vida, mis alegrías
Hoy, todo eso comienza contigo! (sic)

Y no sé si contigo o sin tí, pero realmente siento que ya nada del pasado me molesta. He hecho lo que dijo alguna vez Benedetti: "en un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también."

Y así, ciertamente, nada, no lamento nada, ni todo el mal que me han hecho, ni todo el bien. Nada, porque todo es perfecto tal y como es, tal y como fue, tal y como será...

Non, rien de rien, je ne regrette ren...